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Huir de la ciudad


Huir de la ciudad para tomar aliento, para retomar la vida, porque las ciudades, sobre todo esa Monterrey no parece más que un culto enfermizo a la muerte o más bien, a la tragedia. 

Huir de la ciudad porque transformarla parece imposible; porque transitarla obliga a participar de su morbilidad, de sus intrincadísimas relaciones de poder y abuso. Huir de ella porque hacen falta perspectivas, porque agota la paciencia, la esperanza y el ánimo por vivirla.

Huir de la ciudad para ejercer ciudadanía, porque las ciudades cada vez son más para consumidores que para ciudadanas.

Huir de la ciudad hasta parece moda... ya semos muchos, cada vez más con esta pandemia, que nos animamos a buscar algún ecosistema medianamente saludable. Cuidado con que nos llevemos las visiones y los vicios de la ciudad al campo o la pequeña urbe, viviendo como cuando andábanos malviviendo por allá. Habremos de tener disposición a escuchar, a ver, a sentir, para encontrar lo que se busca. Atentas debemos estar a desaprender todo aquello con lo que hacemos ciudad, si esa ciudad se jacta de estar aparte de la naturaleza. 

Huir de la ciudad 

Persĕqui

Los lugares se quedan, pero no se guardan en vano,
pese a sus cambios en veces agudos, en otras crónicos,
abruptos y en otras imperceptibles para el ojo disperso,
pues las evocaciones no se hacen esperar ante las señales incesantes,
frente a los sentidos orquestando sensaciones, sentenciando sentimientos.

Ir y venir. Moverse. Transporte en pausa, flujo en actividad.
Al final los lugares cambian más que nosotros.
Uno no cambia, se va completando, descubriendo, reencontrando.
Quizás si somos siempre los mismos, aún a través de los milenios.
¿Seremos cosa aparte, insertados en un Universo... sin rumbo?

Persĕqui
©2014, Licencia Creative Commons
Hacha sin filo por O. Adrián Lozano Garza se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional. 

Cuando rompes una hoja

Cuando rompes una hoja
desconozco autor, agradezco referencia
te retractas de la idea,
cuestionas una que otra cosa...
prefieres ir a la azotea.

Cuando rompes una hoja
el café pierde su poder de insomnio,
los días se nublan, el pelo se moja
y pretendes ante todos ocultar lo obvio.

Cuando rompes una hoja
produces un ruido exorbitante,
el tacto se vuelve hipersensible, todo te enoja,
y el olfato se confunde con el perfume penetrante.

Cuando rompes una hoja...
todo pierde sentido.
No quieres tomar la pluma, ni otra hoja.
Ah! ¿Estás acaso confundido?

Cuando rompes una hoja... solo rompes una hoja,
los recuerdos pronto secan
y se van hacia el olvido.


Cuando rompes una hoja
©©2004, Licencia Creative Commons
Hacha sin filo por O. Adrián Lozano Garza se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional. 

Paso a paso

Caminando de día y de noche
en tu aventurado camino,
doy un paso y permito mientras observo
que tropieces y des al suelo...
aunque voy descalzo te pido
te apoyes de mi brazo y uses mi abrigo,
©© 2009 O. Adrián Lozano Garza, BY-NC-ND
después me impulses: voy despacio,
voy con paz y no me fío.

Escucho un canto silente
que recorre'l aire frío
   "Paso a paso,
   da un suspiro.
   Paso a paso,
   da un suspiro..."

Te veré retroceder y me verás caer
al descalzarte me apoyaré de tu brazo;
despacio el trote: es tu camino,
es tu turno y soy tu amigo.

Cantando un ritmo silente
que recorre'l aire frío,
casi imperceptible,
casi imperativo:
   "Paso a paso,
   da un suspiro.
   Paso a paso,
   da un suspiro..."

Todo se desborda y yo vacío.
Me resisto a creer que todo esté predefinido
Escucho un canto silente
que recorre'l aire frío
   "Paso a paso,
   da un suspiro.
   Compartir camino,
   paso a paso,
   trote y canto,
   todo toma más sentido."


Paso a paso
©© 2007, actualización ©© 2013, Licencia Creative Commons
Hacha sin filo por O. Adrián Lozano Garza se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional. 

Le dices ñoñez

Y reiteradamente tu burlas o te quejas
por mi insensata manía de intentar exprimir el lenguaje,
por mi necio gusto de precisar lo poco que sé,
por mi, según veo, peculiar placer
por desmenuzar las frases en referentes, acciones y sus efectos.

Le dices ñoñez
©© 2013, Licencia Creative Commons
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El otro mirador


¿Qué disfruta hoy la gente que no conoce los remanentes del campo de Monterrey? Y con "el campo" refiero valles de cultivo bañados por el Sol o tostados por su calor al paso de las estaciones, al igual que de las cumbres que en otoño juguetean con nubarrones y dichosas, transportan por entre sus cimientos al agua -hoy en día, hacia el pavimento de calles y canales y a las cañerías-; también por "campo" tomo al conjunto de flora silvestre que se sigue abriendo paso camino valiente y a su paso aflorando, siempre que el clima se los permita; a los insectos que orgullosos cantan en el verano y a las aves que se hablan y contestan copiosa y enérgicamente, especialmente en las mañanas de primavera.

Y ahora todo ese campo aloja a los campus de los comerciantes de la educación, a las edificaciones de los mercenarios del conocimiento y de arte y a los ostentosos y maniobreros del poder político y económico... ver todo eso, no me parece tan deleitable como los escenarios que narra Reyes en su recorrido visual y etereo desde el mirador a espaldas del Cerro del Caído.

¿Qué disfruta hoy la gente que no conoce los remanentes intra-urbanos de campo en Monterrey?

El otro mirador
©© 2009 (desde el pico invadido por la antena, Cerro de la Silla),  Licencia Creative Commons Hacha sin filo por O. Adrián Lozano Garza se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

Claustro con telarañas vacías


Me siento y me asumo preocupado,
noto que resulto preocupante
y no sé como actuar al respecto.
Me doy cuenta que, inconscientemente,
asalto mi consciencia, me desdoblo
y automático, convenientemente, o no,
me vuelvo a doblar.
Ya me reconozco como otro.

No sé por qué me asalta la impaciencia.
No sé por dónde sale la ansiedad...
creo, más bien, que no se ha ido,
se disfraza en alergias y pensamientos de maldad.

En una celda, abstraído de mi y liberado de mi,
me encierro por tanto tiempo como quiero;
me duele lastimaros, en verdad.
Me extraño, me anhelo, me aburro, me harto...
me condeno, me alejo, me aislo...
cuando me quisiera donar.

Me disculpo y me absuelvo
mas no entero a nadie del proceso;
¡Si tan solo me pudiera acercar!
Pierdo horas conciliando el sueño,
luego no me puedo ni quiero despertar.

Prefiero estar dormido aún despierto
y así poder evadir mi realidad.
Fragmentos milenarios despiertan sus memorias en mi,
en mi amígdala, en mi hipocampo... tan contemporáneos;
mi hipófisis se vuelve loca aún al pensar;
no enlazo, no relaciono,
corro hacia el oriente y llego al occidente,
perdí el norte, no existe el sur,
no existe el más ya, no puedo restar.

¿Quiénes soy?
¿Si me defragmento otro poco... me podré rearmar?


Claustro con telarañas vacías
©© 2010, Licencia Creative Commons
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Postergación


Se ve desolada la muerte,
abandonada en las luces tenues amarillentas y odiosas
de una habitación con madera en vigas por techo
y motivos desaliñados de vanguardia en la pared.
Sola se queda y muy probablemente
solos algún día nos deje.

Quizás haya sido muy cruel...
quizás inhumana o muy sarcástica.
Pero eso si, ¡Más que la vida, jamás!

Una vez más, muerte:
la dejo para otro día,
para otra ocasión pues,
la vida me trae ocupado
y por hoy no tengo tiempo para usted
a pesar que la vida quizás nos trate peor en veces.


Postergación
©© 2008 agosto, Licencia Creative Commons

Antropocentría

Me vi entonces en la playa de la vida,
cuando anteriormente creí
que era solo de la mía,
pero en el momento que volteé mi vista
descubrí un océano en flujo
que se conjuntaba conmigo mismo.
Y ahí encontré una atadura
entre mi libertad y la del otro.

Sonreí de pronto al encontrar corrientes
que se me acercaban para destensar el lazo
y batallé horrores cuando algotra me arrastró
lanzándome y retomándome como al estirar una liga.

Casi nunca encontré un rumbo conjugado
hasta que, cansado,
noté que siempre las olas regresaban
a mi playa personal;
siempre una fuerza final
impulsaba a las diferentes corrientes hacia mi...
la fuerza, toda la energía del océano
se vuelca, va y viene al final
siempre hacia mi: a mi humano.

Antropocentría
©© 2007 Abril, Licencia Creative Commons
Hacha sin filo por O. Adrián Lozano Garza se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.