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Huir de la ciudad


Huir de la ciudad para tomar aliento, para retomar la vida, porque las ciudades, sobre todo esa Monterrey no parece más que un culto enfermizo a la muerte o más bien, a la tragedia. 

Huir de la ciudad porque transformarla parece imposible; porque transitarla obliga a participar de su morbilidad, de sus intrincadísimas relaciones de poder y abuso. Huir de ella porque hacen falta perspectivas, porque agota la paciencia, la esperanza y el ánimo por vivirla.

Huir de la ciudad para ejercer ciudadanía, porque las ciudades cada vez son más para consumidores que para ciudadanas.

Huir de la ciudad hasta parece moda... ya semos muchos, cada vez más con esta pandemia, que nos animamos a buscar algún ecosistema medianamente saludable. Cuidado con que nos llevemos las visiones y los vicios de la ciudad al campo o la pequeña urbe, viviendo como cuando andábanos malviviendo por allá. Habremos de tener disposición a escuchar, a ver, a sentir, para encontrar lo que se busca. Atentas debemos estar a desaprender todo aquello con lo que hacemos ciudad, si esa ciudad se jacta de estar aparte de la naturaleza. 

Huir de la ciudad 

Suerte de viajero o El privilegio de viajar

Transitar el mundo hoy en día, cruzar fronteras de artificio, sentir el aire de vuelta del otro lado del planeta y encontrarse con agua fósil en incorporación al supersistema vida... a la biósfera de hoy. De repente se presentan, entre otras misceláneas, como pasatiempo muy atractivo de conservar para recurrir con alta frecuencia. Viajar un chingo, pues.

Extrañar el terruño es difícil cuando no se posee uno... sin embargo extraño gente y actividades aunque no les poseo. No por eso no podría adoptar ahora mismo nuevas actividades, crear nuevas inercias... total, que mis raíces parecen ser todas metafísicas y los símbolos fácil pueden transmutarse.


Necios, tenaces o insistentes... no importa; al final como persona, como individuo somos irremediablemente fugaces, al menos conscientemente... ¿será? Somos una especie con tremenda potencia y, sin embargo, nos enfrascamos en la más letal competencia para nuestra especie y para casi todas las demás.

@ GSF Program, Desierto del Negev, Israél Palestina

Suerte de viajero o El privilegio de viajar

Gratia participo quietet anxietatem

Me preguntas qué se siente ser un ser de luz
y no adviertes que tú iluminas esta ruta.
El verano ha traído victorias inesperadas.
El verano trae buena fruta porque ha habido agua;
así mi cuerpo disfruta tu candor y alevosía.

¿Cuánto tiempo, vida mía, podré tenerte aquí?
¿Cuánto tiempo de ahora en adelante será para los dos?
Mantendré la algarabía de nuestras voces en la memoria,
la mantendré latente disfrutando genuino cada segundo de vuelta.

Porque recordar es vivir y aunque
quiero vivir contigo y por ti en el presente,
agradezco a esta vida el cruzar caminos,
cruzar miradas, labios, lenguas...

Así también agradezco a la muerte
por darme tregua esperando a conocerte,
con la oportunidad de compartirnos mutuamente;
así nuestros cuerpos disfrutan también el calor latente.

© Muy Interesante


Gratia participo quietet anxietatem 

Licencia Creative Commons
©© 2017, Hacha sin filo por O. Adrián Lozano Garza se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional. 

Postergación


Se ve desolada la muerte,
abandonada en las luces tenues amarillentas y odiosas
de una habitación con madera en vigas por techo
y motivos desaliñados de vanguardia en la pared.
Sola se queda y muy probablemente
solos algún día nos deje.

Quizás haya sido muy cruel...
quizás inhumana o muy sarcástica.
Pero eso si, ¡Más que la vida, jamás!

Una vez más, muerte:
la dejo para otro día,
para otra ocasión pues,
la vida me trae ocupado
y por hoy no tengo tiempo para usted
a pesar que la vida quizás nos trate peor en veces.


Postergación
©© 2008 agosto, Licencia Creative Commons

Antropocentría

Me vi entonces en la playa de la vida,
cuando anteriormente creí
que era solo de la mía,
pero en el momento que volteé mi vista
descubrí un océano en flujo
que se conjuntaba conmigo mismo.
Y ahí encontré una atadura
entre mi libertad y la del otro.

Sonreí de pronto al encontrar corrientes
que se me acercaban para destensar el lazo
y batallé horrores cuando algotra me arrastró
lanzándome y retomándome como al estirar una liga.

Casi nunca encontré un rumbo conjugado
hasta que, cansado,
noté que siempre las olas regresaban
a mi playa personal;
siempre una fuerza final
impulsaba a las diferentes corrientes hacia mi...
la fuerza, toda la energía del océano
se vuelca, va y viene al final
siempre hacia mi: a mi humano.

Antropocentría
©© 2007 Abril, Licencia Creative Commons
Hacha sin filo por O. Adrián Lozano Garza se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.